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martes 12, abril de 2016

SIN tierras públicas, CON estadio shopping

No importaron los métodos ni los caminos. Tampoco los tiempos. Con la idea fija, la dirigencia xeneize desplegó mil y una estrategias hasta lograrlo. Y lo hizo: los terrenos de Casa Amarilla ya son de Boca y no del barrio, que pretendía un predio verde para deporte y viviendas sociales. Pero eso no importa. La conducción ligada al PRO insiste con la idea de construir allí una segunda cancha con aire elitista. Por Juan Manuel Castro

SIN tierras pblicas, CON estadio shopping

 “Ustedes no son de Boca. Traidores”, grita una joven mientras golpea la reja que separa a varios hinchas de la asamblea societaria boquense. El oficialismo del presidente Daniel Angelici y la oposición, bajo una lluvia de abucheos, levantan la mano para validar la compra del Campito, el histórico espacio de recreación vecinal pensado para viviendas sociales en Blanes, Espinosa, Palos y Almirante Brown.

La dirigencia asegura que allí construirá un predio deportivo, cultural y gastronómico y así lo firmó en el proyecto de compra a la Corporación Buenos Aires Sur. Pero hinchas y vecinos denuncian que el trasfondo es hacer un “Estadio Shopping” para contener 80 mil hinchas y mechar turismo, platos gourmet, muchos guardaespaldas y grandes muros de espaldas al barrio. Y que también piensan discontinuar La Bombonera. Pero no es sólo una opinión. Angelici lo admitió ante los medios, días después de la asamblea del club: “Que los nuevos terrenos sirvan para la construcción del estadio es una posibilidad”, reconoció. “Si hacemos el nuevo estadio, La Bombonera se podrá techar y quedará como un Museo viviente”, sostuvo.  “El rechazo que siente esta dirigencia por los vecinos lo manifiesta día a día cerrando disciplinas y prohibiéndoles el ingreso al club”, contextualizó la agrupación de hinchas Boca Es Pueblo, parte de La Boca Resiste y Propone. 

Una historia que viene de lejos
Lo que no pudo Mauricio Macri, ahora lo concreta Angelici. El Presidente de la Nación, en sus años al frente del club Boca tanteó dos veces, sin éxito, al entonces alcalde Aníbal Ibarra para comprar los terrenos conocidos como Casa Amarilla. Pero ahora es distinto. La ingeniería PRO late plena entre el gobierno porteño y la dirigencia boquense. Angelici transita su segundo período en el club. Cuando se postuló por primera vez, en 2011, llamó a hacer un nuevo estadio para dar lugar a los “socios adherentes”, recuerda Boca Es Pueblo.
 
El deseo de Angelici mechaba con un decreto de Macri. Como las tierras del Campito pertenecían al Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) y estaban destinadas a complejos habitacionales, el jefe de Gobierno firmó el Decreto 723/10 para dárselas a la Corporación Buenos Aires Sur, supuestamente para un destino social.
 
En la misma línea, en 2014 el gobierno PRO quiso rezonificar, sin éxito por ahora, las 3 hectáreas para habilitarlas a una mega construcción. El texto era de Oscar Moscariello, ex vicepresidente de Boca y al mismo tiempo ex vice I de la Legislatura por el macrismo. Los vecinos ya denunciaban las gestiones forzadas para que Boca obtuviera el predio.
 
En noviembre pasado el pálpito se confirmó. La Corporación Sur aprobó el llamado a Licitación Pública Nº 7-CBAS-2015 para el “Desarrollo y Mejoramiento Urbano Casa Amarilla” a ser ejecutado en 7 predios libres de mejoras, identificados genéricamente como “Casa Amarilla” en el barrio de La Boca con un presupuesto estimado para la adquisición de $ 180.000.000”, según el Boletín Oficial del 4 de diciembre pasado.
 
El 19 de enero en la sede de la Corporación “se montó una farsa en la que se abrían los sobres de una (supuesta) licitación pública hecha a medida del Club Atlético Boca Juniors. Por supuesto, hubo un solo ofertante para la compra de estos terrenos públicos, precisamente el CABJ”, condenó Boca Es Pueblo.  “Sólo se aceptarán propuestas presentadas por organizaciones no lucrativas con diez años o más de existencia en la comuna”, limitaba el pliego que también aclaraba la necesidad de mostrar un balance en el que pagar 180 millones de pesos fuera posible.
 
El 16 de marzo, mismo día en que se reunieron los vecinos de La Boca en un Consejo Consultivo Comunal autoconvocado, la Corporación aprobó la adjudicación a Boca (OL 515). Restaba el aval de la asamblea del club.
 
Los vecinos en asamblea especial
Los Consejos Consultivos iniciaron en 2012 con las Juntas Comunales. Son asambleas mensuales donde vecinos y organizaciones sociales y políticas debaten y proponen. Desde hace dos años en la Comuna 4 (La Boca, Barracas, Pompeya, Parque Patricios) no se reúnen. La Presidencia de la Junta Comunal no las convoca. Ante la urgencia por Casa Amarilla, los vecinos, a través del colectivo La Boca Resiste y Propone, hicieron una autoconvocatoria para la noche del miércoles 16 de marzo.
 
En Bomberos Voluntarios de La Boca (Brandesen 567, a metros de la Bombonera) se juntaron más de cien vecinos. Una decena de oradores expuso el sentir común ante el avance privatista. Reconocieron que desde hace décadas hubo disidencias locales entre hacer un polideportivo, espacios verdes o sólo viviendas pero resaltaron: “En La Boca nunca fuimos consultados sobre la venta de los campitos”.  
 
Por eso, el Consejo votó, entre aplausos, tres mociones: pedir a la Junta que haga una consulta popular sobre la venta del Campito, impulsar en la Legislatura un pedido de informes y solicitar a la Junta que convoque a Consejo Consultivo como lo dice la ley. Al cierre de esta edición, ninguna iniciativa pudo prosperar.
 
Tomaron la palabra miembros de La Boca Resiste y Propone, Boca Es Pueblo y el abogado Jonatan Emanuel Baldiviezo, del Observatorio del Derecho a la Ciudad, quien impulsó un amparo contra la venta de las tierras (ver recuadro). También hablaron miembros de Los Pibes, Patria Grande, Darío Santillán, El Hormiguero y Descamisados, entre otras. 
 
“Muchos vecinos dejaron La Boca por no acceder a un crédito de vivienda, en cambio dan facilidades a empresarios”, lamentó la vecina y miembro de la Cooperativa Solidaria Suárez, Perla Doldán. Pablo Rodríguez, maestro de la escuela 10 de Rodríguez y Lamadrid, agregó que “Boca Social es marketing, los vecinos no les importan”.
 
Mismo enfoque expuso la secretaria de actas del Consultivo y trabajadora del CeSAC 41, Carolina Sticotti: “El campito es un oasis de recreación para los chicos que viven hacinados. El estadio shopping no es una opción abierta al barrio. Hay chicos que no conocen el club, sólo pelotean en el paredón de afuera”.
 
Una asamblea entre rejas y seguridad
A falta de un plebiscito para socios (idea que aún planea concretar Angelici incluyendo a los adherentes, quienes actualmente no pueden ingresar a la Bombonera), el jueves 31 de marzo hubo una asamblea extraordinaria en Boca. Se hizo en una mini cancha de piso sintético, bajo una grada de la Bombonera. Estaba enrejada y con fuerte custodia de policías y seguridad privada. La presidió Francisco Quintana, socio boquense y cabeza de la bancada PRO en la Legislatura.
 
Tras aprobar un balance “con muchas dudas”, según socios opositores, se planteó la compra del Campito. Los socios oficialistas dijeron que era una “mejora urbana” con “contacto vecinal”. Los más de cincuenta hinchas que quedaron fuera del perímetro enrejado silbaban incrédulos, vocearon a favor de un asambleísta de oposición que alentó a no “jubilar la Bombonera”.
 
Luego, Quintana llamó a votar la compra de las tierras, planteada en una moción del socio Horacio Rivero (si se busca su nombre, aparece como abogado, representante legal de Mauro Martín). Son 375 dólares el m2, a pagar en 10 años; los socios oficialistas de la asamblea prometieron ser garantes.
 
Los hinchas se sorprendieron al ver que oficialismo y oposición levantaron la mano en gesto afirmativo. Una sola persona se quedó de brazos cruzados. “El único que tuvo dignidad”, coincidieron los hinchas. Cuando Quintana dijo que estaba aprobada la compra no hubo aplausos, a diferencia del balance. “Les pesa la conciencia”, gritó uno mientras golpeaba la reja.
 
Terminada la asamblea, estallaron los cantos de hinchas. La asamblea se retiró por una puerta lateral, en compañía de algunos vigilantes. De los gritos se pasó al silencio. Varios hinchas se fueron al instante. Otros se sentaron un largo rato en los bancos de la Bombonera. En ese momento de la noche y los acontecimientos, sin jugadores ni goles que festejar, la Bombonera latió. De incertidumbre. 
La historia del club está por cambiar para siempre: de ser un refugio de contención social como en sus orígenes pasará a dar la espalda al barrio “que lo vio nacer y le dio su identidad”, como lamentan hinchas y vecinos de La Boca. 
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