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lunes 26, noviembre de 2018

Zoe de Oro

Tiene apenas 18 años y ya se colgó varias medallas en su cuello. La última fue en los Juegos Olímpicos de la Juventud donde, junto a la Selección Argentina de Handball, obtuvo el primer lugar en el podio. Vecina de La Boca, Zoe Turnes nos cuenta un poquito de su historia y su presente.

Por Pedro Benítez 

Zoe tiene 18 años y vivió toda su vida en el barrio de La Boca, más precisamente en Catalinas, donde estudió en el Instituto Madre de los Emigrantes y gracias a una profesora encontró su pasión por el handball. “Una profesora de mi escuela armó un club y empezamos a entrenar en el predio de Av. San Juan y Paseo Colón, al lado de la autopista. Íbamos los chicos del colegio y algunos amigos del barrio y de Barracas. Ahí me di cuenta que había encontrado mi verdadera pasión”, cuenta con alegría. Durante la nota con Sur Capitalino, Zoe repite algunas palabras: amigos, familia y, sobre todo, esfuerzo. Recuerda que de chica siempre fue hiperactiva. “Nunca me gustó no hacer nada”. Su padre la llevó a tenis y a gimnasia artística. “Estudiar inglés o matemática nunca me gustó”, aclara. Tras la experiencia de haber conocido el handball en el colegio, decidió ir a jugar al Club San Telmo, donde apenas la vieron en acción la llamaron para participar en otro club más competitivo y, poco después, ser parte de la selección. “Una entrenadora me vio jugar y pidió mi pase para el club Sedalo (Sociedad Escolar y Deportiva Alemana “Lanús Oeste”) en Lanús. Yo jugaba en la C y la B, pero quería jugar en la A y tener más roce. Ser más competitiva, entonces decidí cambiar de equipo”. Así llegó al club donde juega actualmente. El camino hacia la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de la Juventud tuvo mucho de esa palabra que Zoe no deja de repetir: esfuerzo. “Hace tres años que entreno todos los días, juego en el club y la selección, con partidos sábados y domingos. Mis viejos, sobre todo, me apoyan. Este año vi más a mi entrenadora que a mis padres. Fue un año movido, con muchos viajes. Yo sabía que iba a ser así, por eso mismo me mentalicé y sólo me dediqué al 100 por ciento a entrenar”. Con el máximo logro alcanzado hace apenas unas semanas, Zoe ya sueña en su nuevo objetivo: “El año que viene arrancaré Kinesiología en la UBA”. –¿Cómo fue la decisión de postergar el estudio para dedicarse exclusivamente al handball? –La verdad que lo disfruté muchísimo, amo el deporte. Aparte, mis compañeras de equipo son mis amigas, son como hermanas. Nos vemos las caras todos los días, tanto en la selección o cuando competimos en nuestros respectivos equipos. Y valió la pena, ganamos la medalla olímpica. Además representar a tu país en cualquier deporte es lo más lindo que te puede suceder, yo elegí eso sobre todas las cosas. Y no le fue nada mal: en los tres años que lleva en la Selección Argentina de Handball Femenino, obtuvo un primero puesto en el Panamericano y un tercero en el Mundial –en modalidad beach-, más un tercer puesto en el Panamericano en modalidad indoor. Es decir que en las cuatro competiciones de alto rendimiento en las que participó, obtuvo un premio. Ese reconocimiento llegó también desde el barrio, donde la esperaron como a una estrella de rock. Su familia, sus amigos y sus vecinos –muchos de ellos la conocieron por la televisiónle dieron la bienvenida con fuegos artificiales, bengalas y el carnaval de la murga Bombo, platillo y elegancia, que ensaya en la Plaza Malvinas. “Fue muy emocionante, me daba cierta vergüenza, mucha gente que no conocía, chicos de mi ex colegio como también de la escuela pública Della Penna. Fue todo muy hermoso”, recuerda emocionada. –¿Cómo fue la experiencia de la Villa Olímpica? –Es hasta el día de hoy que quiero volver, entrar ahí fue hermoso. Estar rodeada de chicos de la otra punta del mundo y de otros deportistas del interior del país. Es distinto a un Mundial o un Panamericano. Estuvo todo muy bien armado, la infraestructura, los departamentos en los que vivíamos, fue bien organizado. Tuvieron apoyo de la Confederación de Handaball y sobre todo del Comité Olímpico. “Con las chicas de la selección de Hungría, nos hicimos amigas en el mundial pasado donde ellas fueron campeonas. Hubo una noche en la villa que nos quedamos a escuchar música y cantar entre todas. Eso es lo lindo que te da el deporte, conocer gente maravillosa”, rescata. Las únicas dificultades que encontraron fue adaptarse a la superficie beach y armar la cancha para entrenar. “Nosotras ayudábamos a cargar de arena con las palas, nuestros padres movían y ponían los arcos”, cuenta. Y si bien el apodo de Kamikazes viene del equipo femenino de mayores, los giros extremos en el aire, saltar y tirarse a todo o noda son méritos que también se vio en este equipo juvenil que alcanzó la de oro en los juegos de Buenos Aires. Termina la charla y Zoe vuelve a su vida normal. Vino acompañada con una amiga con quien se irá a chusmear ropa y visitar amigos. Es hincha de River y espera emocionada la final de la Copa Libertadores contra Boca Juniors. Ahora todo el barrio la saluda, hasta el colectivero, “es re loco, pero lo disfruto”.

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