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martes 20, agosto de 2019

Una Boca que no se calla

En cada canción, retrata en clave de hip hop o de G-Funk el barrio que lo parió, sus pibes, la pasta base y las balas policiales que los matan. Con los pies en la tierra, se planta y quiere crecer. Cree fuerte en Cristo, tanto como descree del macrismo y sus políticas. Es Mario Castro, hijo de La Boca.  Por Lucrecia Raimondi

 
 

Una Boca que no se calla
Las historias de muchos pibes de La Boca que Mario Castro cuenta en sus canciones las expresa con un estilo que él define versátil, “sin etiquetas”. En el barrio, Castro es un referente por decir lo que pasa sin pelos en la lengua; los pibes se sienten identificados con sus rimas. “Una cosa es hablar del barrio y de la calle. Otra es de un barrio en especial”, aclara Castro. Y como le dijeron en una entrevista, sus canciones son un retrato de La Boca. El público que lo sigue es 80% boquense, pero él quiere llegar a más sin encasillarse en una temática o un solo ritmo. Su meta es que un público diverso lo escuche y lo lleve a ser reconocido en el ambiente de la música urbana: “Cuando contás lo que pasa en todos los barrios la gente se siente identificada y eso es lo que va a mover”.
 
Uno de sus últimos temas con contenido social, Disparando con odio, habla de las balas asesinas de la policía. Lo compuso en 2014 inspirado en situaciones que él tuvo con la policía; conocía a Lucas Cabello y su familia antes de que el oficial Ayala le disparara a matar. En un festival de Justicia por Nehuen, Lucas escuchó el rap y le encantó. En 2016 Castro grabó el tema y, en la semana previa al inicio del juicio, sacará el videoclip en el que participa Lucas. Pero los temas sociales no son lo único de lo que quiere hablar Castro. Entendió que los romances le tocan el corazón a la gente y escribe también historias de amor.
 
Todo el tiempo libre que tiene después de su trabajo como acomodador de quienes visitan el predio del Espacio de la Memoria (Ex ESMA) lo dedica a su carrera musical: a explorar estilos como el funk, el reggaetón o la cumbia, grabar canciones, filmar videoclips.

-¿Qué te inspira para escribir tus canciones?
-Cuando era un chico tenía pocos recursos, un pianito de juguete y en mi cabeza improvisaba con lo que veía. Después empecé a crecer y mis primeras letras, con mi primera banda, reflejaban lo que pasaba en el barrio, lo que nosotros vivíamos. Y con el tiempo modifiqué algunas letras, algo más social, pero ahora sé que puedo escribir de cualquier cosa. No me quiero encasillar.

-¿Qué te motivó a escribir sobre otros temas?
-Yo no voy a cantar algo que no he vivido ni algo que esté fuera de mi círculo porque sería un falso profeta. Pero se que hay mucha gente a la que no le gustaría escuchar lo que tengo para decir, por pensar que hago apología de la delincuencia. Entonces decidí abrirme y hacer otras cosas también, buscar otros públicos.

-Cuando te invitan a tocar en movidas sociales, ¿cómo te presentás?
-Si me llaman para festivales voy solo con mi cara y mis canciones, pero no va la banda, cumplo yo con el barrio porque no me puedo hacer el boludo cuando canto sobre el desalojo, la pobreza, el gatillo fácil, las situaciones que viví con la policía y mis amigos muertos. Soy parte de ese mundo.

-¿Qué mensaje esperás transmitir a los pibes con tu música?
-Todos mis temas tienen un grado de social, un grado de espiritualidad y un grado de maldad. No quiero decir que hagan o dejen de hacer, solo muestro las cosas como son y después está en cada uno. En el último tema que grabé, Maldito final, cuento la historia de pibes que se crían viendo armas, que odian a la policía, que salen a robar y que terminan con un maldito final. No lo juzgo. Pero el mensaje, hoy en día, lo doy abajo del escenario y apunta a salir del barrio. Sin nada que hacer y sin plata, te lleva a hacer cosas malas.

-¿Porqué distanciarte de La Boca?
-Yo hoy no me siento débil, pero sí puedo decir que si me quedo en el barrio la droga es más fuerte. Si no tenés ni un peso, en tu casa tampoco, y tus amigos están llenos de plata porque la están haciendo, terminás en la delincuencia. Entonces pongo en la balanza que si caigo en cana, pierdo todo. Y en vez de estar dando vueltas en un auto a ver a quién se la pongo, me encierro en un estudio de grabación. Soy un músico que quiero salir del barrio pero no de mí.

-¿Cómo podrían rescatarse los pibes?
-Que se fijen que pueden terminar en situaciones malas, se den cuenta de que tienen algo en ellos y que pueden hacer algo más. Pero el cambio es muy personal, hay que ir uno por uno. Yo pude agarrar otros caminos y dije 'no más esto', soy bueno haciendo música. Por eso lo que más quiero es que piensen por sí mismos, que se salven a ellos. De verdad hay pibes que eran delincuentes y dejaron de robar porque la música les salvó la vida.

Creyente de cristo y antimacrista sin banderas políticas, Castro sabe dónde está parado: “Yo estoy en contra de Macri y todos los que piensen así”. Este músico urbano oriundo de La Boca piensa que “no podría estar viviendo con lujos enfrente de mis amigos que están esclavos de la droga y no pueden parar de fumar pasta base”. Y también quisiera con la música vivir lo que nunca pudo vivir de chico y poder darle a su vieja “una casa sin mucama ni mayordomo”. A Castro le corre el barrio por las venas y siente que la distancia no cambia su esencia: “Por más que salga del barrio, el barrio soy yo en mi forma de ser y de pensar, lo llevo a donde vaya”.
 
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