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miércoles 12, febrero de 2020

Subsede arrasada

Como una metáfora de lo que dejó la gestión de Carolina Romero al frente de la Comuna 4, la subsede de Barracas es un cúmulo de escombros y abandono. Así está desde hace un año, cuando su techo se desplomó tras una tormenta. La misma cantidad de tiempo llevan los vecinos sin poder hacer sus trámites en oficinas cercanas. ¿Volverá a funcionar? ¿Cuándo y dónde? 

Por Martina Noailles

Subsede arrasada
Hasta el 1º de febrero de 2019, más de mil personas por día realizaban trámites en la subsede de Barracas de la Comuna 4. Un año después, el edificio de Suárez 2032 es tierra arrasada. Tras la caída de su techo -que no fue tragedia de casualidad-, el inmueble es un cúmulo de escombros, cables cortados y mobiliario abandonado. Pero hay algo peor: las oficinas descentralizadas no fueron reubicadas en ningún otro edificio de la zona y miles de vecinos y vecinas deben inscribir a su recién nacido, casarse o renovar su licencia de conducir en otros barrios lejos de sus domicilios. Y aunque la Comuna 4 tiene su sede central en Centenera 2906, las oficinas de Pompeya no absorbieron ni un sólo trámite de los que se hacían en Barracas. Este dato demuestra que la extensión de la comuna, que abarca los barrios de La Boca, Parque Patricios, Pompeya y Barracas, hace imprescindible el funcionamiento de una sede en el centro de su territorio. Y esta necesidad de cercanía no es un capricho; está garantizada en la Ley de Comunas. Sin embargo, a un año del cierre de Suárez ni siquiera se sabe dónde ni cuándo volverá a funcionar. La empresa aseguradora del inmueble pagó 7 millones de pesos al Gobierno porteño por lo sucedido. Ese dinero debe ser destinado a dar una respuesta urgente. Mientras tanto, la falta de descentralización sigue discriminando a quienes habitan el sur porteño.      
 
El 10 de diciembre pasado un representante del Frente de Todxs asumió la presidencia de la Comuna 4. Por primera vez desde su creación, la comuna quedó en manos opositoras. Atrás, quedaba la gestión de Carolina Romero, de Juntos por el Cambio, denunciada por agresiones a feriantes y trabajadores de la Comuna, por discriminación a migrantes (a pesar de que ella nació en Paraguay) y por contratar a familiares y amigos en distintos cargos comunales. 
 
Sin sede donde hacer sus trámites, los vecinos sufren aún las consecuencias de su gestión que no logró dar una respuesta o, cuanto menos, gestionarla ante el Gobierno de su propio partido.       
“A días de comenzar la gestión pudimos acceder a la subsede de la comuna para comenzar con el diagnóstico del estado de situación. Lamentablemente, nos encontramos con un inmueble arrasado, con gran cantidad de mobiliario en mal estado por el abandono y las malas condiciones del lugar”, explicó el nuevo presidente de la Comuna, Ignacio Álvarez, quien el 1 de febrero pasado, fecha del primer aniversario del derrumbe, difundió un video con imágenes de cómo encontraron la subsede. 
 
Consultado por Sur Capitalino, el representante del Frente de Todos y militante de Parque Patricios denunció, además, que entre otras irregularidades, no encontraron “un solo expediente con información de los hechos acontecidos hace un año. Y peor aún: no encontramos, por parte de las anteriores autoridades, ningún pedido de informe al respecto”.
 
Lo que encontraron o, mejor dicho, lo que no encontraron los nuevos comuneros, se condice con las declaraciones que realizó Romero luego del desplome del tinglado. “Vino un viento y se cayó el techo”, fue lo poco que pudo explicar ante Sur Capitalino la entonces presidenta de la Junta antes de desligarse de cualquier responsabilidad: “La subsede no tiene nada que ver conmigo. Todo está descentralizado”, dijo. Sin embargo, por aquellos días de 2019, Romero también aseguró que la subsede iba a ser reabierta en un lapso de dos meses.
 
Un año después, las puertas de Suárez 2032 siguen cerradas. 
 
Desde la Secretaría de Atención y Gestión Ciudadana de la Ciudad, a cargo de Facundo Carrillo desde 2017, la información fue variando con los meses. Apenas se cayó el techo del edificio comunal, dijeron que reparar el lugar requería “una intervención estructural importante” y que, entonces, tomarían lo ocurrido “como una oportunidad para dotar a la comuna de un edificio con mayor espacio y más comodidades”. En ese sentido, señalaron que la obra final tomaría “un tiempo importante que aún no podemos precisar”. 
 
Dos o tres meses después, ya en mayo, el panorama cambió. La construcción de un edificio más grande en el mismo lugar se tornó imposible. Desde la misma Secretaría, explicaron “que el plan de obra no fue aceptado porque el nuevo Código Urbanístico, aprobado en diciembre de 2018, establece ciertos parámetros que impiden levantar una sede más amplia”. 
Ante esta situación y viendo que los meses pasaban, los comuneros opositores de la 4 solicitaron, por escrito, que se considerase la posibilidad de atender a los ciudadanos en alguna de las dependencias gubernamentales que funcionan en La Boca como el Ministerio de Seguridad, el Palacio Lezama o el IVC. La respuesta nunca llegó.
 
Desde entonces, el objetivo fue encontrar un inmueble o un terreno donde construir una nueva subsede. Lentamente, aparecieron algunas opciones. En enero, durante una reunión de vecinos y vecinas con Rodríguez Larreta, el secretario de Gestión Ciudadana informó que habían analizado comenzar las obras en un predio sobre la calle Carrillo, en la zona de los hospitales neuropsiquiátricos Borda, Moyano y Tobar García, pero que había que empezar de cero y eso demoraría tiempo. Ante la demanda de varios de los vecinos presentes en el Museo Quinquela de La Boca, Facundo Carrillo también indicó que una segunda posibilidad era que la subsede funcionara en la Estación Buenos Aires, lindera al complejo de viviendas del Plan ProcreAr que albergará a unas 2500 familias en el límite entre Barracas y Parque Patricios. Esta opción parecía más viable, al menos en cuanto a su ubicación dentro de la extensa Comuna 4. 
 
Sin embargo, al cierre de esta edición una nueva información apareció en escena. El 3 de febrero, apenas unos días después de aquellas declaraciones de Carrillo, el jefe de Gobierno asistió a la primera Reunión del Consejo de Coordinación Intercomunal. Allí, según publicó el presidente de la Comuna 4 en redes sociales, Rodríguez Larreta “se comprometió y nos instó a trabajar inmediatamente con las áreas correspondientes en el proyecto de Subsede de #Barracas”. Con la puerta que acaba de abrir el jefe de la Ciudad, es probable que ahora se busque si, vía la Legislatura o a través de alguna otro mecanismo administrativo, se puede hacer una excepción al Código Urbano que permita construir finalmente un nuevo edificio, más amplio, pero en el mismo terreno donde el techo se cayó un año atrás.   
“Venimos denunciando la necesidad urgente de reabrir la subsede de Barracas para los vecinos. Nos parece vital en una comuna tan extensa poder cumplir con la demanda de los servicios a todos los vecinos que hoy lamentablemente se tienen que acercar a otras comunas a realizar los trámites. Estamos confiados en poder avanzar en el refuncionamiento de la sede Barracas y poder darle al vecino mayor cercanía. Es nuestra obligación cumplir con el espíritu de la ley de comunas. Y entendemos que hoy la subsede de Suárez es la mejor opción para todos los vecinos”, opinó Álvarez.
 
Sea Suárez u otro edificio, lo importante es que las y los vecinos de la Comuna 4 tengan cuanto antes su sede cercana, tal como gozan el resto de los habitantes de la Ciudad. Además, los ciudadanos tienen el derecho de conocer las causas del desplome del techo ocurrido la tarde del 1 de febrero de 2019. La atención al público había terminado minutos antes. Apenas quedaban seis trabajadores que estaban a punto de irse. Sólo por esa azarosa razón no hubo que lamentar muertos ni heridos. ¿Fue el clima, como argumentaron todos los funcionarios en aquel momento, o hubo algún error en las obras realizadas en la sede tiempo antes?
 

 
 
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