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lunes 8, junio de 2020

La cultura, en cuarentena

Centros culturales y teatros comunitarios sufren la falta de ingresos que provocó el cierre por el aislamiento social obligatorio. En primera persona, cuentan cómo viven la situación y cómo se ingeniaron para mantener el contacto y poder continuar a futuro.

 
Por Mateo Lazcano

La cultura, en cuarentena
Desde el 20 de marzo, cada uno de los lugares de referencia para la cultura en el sur de la Ciudad, grandes o chicos, tienen el telón bajo, las aulas vacías y los pasillos deshabitados. Independientemente de las actividades que se realizaban, de la disposición física con la que contaban o la cantidad de concurrentes que tenían, todos sufren de manera parecida el impacto de la pandemia.  
 
Y este nuevo tiempo trajo consigo dos grandes incertidumbres. Algunas vinculadas a las añoranzas del vínculo humano (extrañar la cercanía, el compartir momentos, la satisfacción de ver a alumnos aprender). Y otra vinculada al aspecto económico y las preocupaciones por el futuro. Estar cerrados implica no tener ingresos y los espacios culturales no son la excepción. Para poder sobrellevar estas dos adversidades, sus coordinadores debieron recurrir a distintas alternativas. 
 
En el Centro Cultural La Usina Barracas los talleres no llegaron a comenzar. “El equipo de coordinación se comunicó con las y los alumnos y las familias, y los/as profes empezaron a generar contenidos para tener acercamiento y vínculo. Fue medio espontáneo, no lo pensamos mucho. Primero eran pocas semanas, y después incorporamos más talleres”, explica Carolina Fernández. 
 
Para la coordinadora del centro, lo más importante que pueden otorgar en este contexto es “la contención y el diálogo con las familias”. La población de La Usina está integrada por vecinos que llegan de distintos barrios, entre ellos la Villa 21-24, uno de los epicentros del coronavirus. La relación se basa en las necesidades de cada une. “Muchos adultos mayores se nota que buscan conversar, están solos. Y organizamos encuentros virtuales. Con los más chicos, sobrepasados por lo que le piden en la escuela, nos comunicamos por mail”, comenta.
 
“No tenemos permitido el encuentro, que es justamente el eje de nuestro accionar”, lamenta Corina Busquiazo, desde el Circuito Cultural Barracas. “Extrañamos a los cerca de 200 vecinos y vecinas, que con toda su potencia no pueden venir”, describe. De todos modos, “seguimos conectados afectivamente entre nosotros. Sostenemos a los que no la están pasando bien, y estamos cerca de las instituciones del barrio”, agrega. 
Corina señala que “por ejemplo, desde el Bachillerato Paulo Freire precisaban un espacio para la entrega de alimentos, y cedimos nuestro teatro”. A su vez, jóvenes del Circuito colaboran en un comedor. La intención de este clásico de Barracas fue, entonces, seguir involucrados con su población durante la pandemia. 
 
Con otra dinámica, desde el Espacio Artístico Cayastá aseguran extrañar las actividades comunitarias. “Se nos paró el trabajo por todos lados. No llegamos a armar los grupos, y estamos ahora tratando de trasladar todo a Internet, pero no es fácil”, reconoce Patricia, quien junto a Rafael coordinan el lugar. Los ensayos de los artistas continúan, ya que “decidimos seguir produciendo”. Ellos buscaron también mantenerse en red, principalmente con titiriteros. 
 
“Sobrevivimos como podemos. Teníamos buenas perspectivas para este año tras la dura crisis, pero nos topamos con esto. Como nuestra habilitación es exclusiva de teatro, no podemos abrir en absoluto”, explica Lorena, desde el “Cine-Teatro Brown” de La Boca. 
 
El nuevo escenario virtual trae para ellos la complejidad de toparse de golpe con una herramienta que casi nunca habían usado para este fin. “Buscamos registros audiovisuales de mayor calidad, con diseñadores. Nosotros somos actores, y pensarlo no nos es fácil”, cuenta Patricia de Cayastá. Este problema se da también en La Usina, aunque relacionado a la modalidad. “Hay algunas disciplinas con las que es casi imposible dar clases a distancia, porque se necesitan las herramientas. Por ejemplo, orfebrería, cerámica”, reconoce Carolina. Algo similar atraviesa al Teatro Brown, donde se les dificulta trasladar las clases de actuación hacia los dispositivos electrónicos. 
 
Para todos los espacios la principal consecuencia de la cuarentena fue la caída total de los ingresos. En el Cayastá, por la imposibilidad de salir de gira, la forma con la que costean el espacio. “Usualmente nos sostenemos con peñas, varietés, buffets, pero ahora no lo tenemos. Probamos con una peña virtual y ahora queremos implementar una gorra también virtual, buscando alternativas”, cuenta Carolina desde La Usina. “Recibimos subsidios oficiales, pero no cubre todo. Por eso, lanzamos un pedido de aporte solidario para poder cubrir alquileres y sueldos”, manifiesta Corina del Circuito. 
 
Si bien esta realidad aún no acaba, todos han comenzado a pensar cómo será el futuro próximo y la tan ansiada “nueva normalidad”. “Creemos que la ceremonia humana que es el teatro nos será muy útil para curar la herida que nos dejará la pandemia”, dicen desde el Circuito Cultural Barracas. “Tenemos un proyecto para armar personajes que cuenten lo que vivimos en la cuarentena”, señalan desde Cayastá.   
 
Todos son conscientes en que el día a día, aún con el espacio reabierto, no será el mismo. “Será seguramente gradual, pensamos alterar las grillas, acomodar los espacios, dar tal vez clases quincenales”, explican desde La Usina. “Tendremos que volver a hacer todo de vuelta como cuando abrimos”, agregan en el Brown. Una realidad que acompañará a cada ambiente de la zona, cuando, por fin, todos estos lugares vuelvan a ser ámbitos de encuentro y compartimento de mates, risas y cultura. 
 
La situación de las ferias 
Los y las trabajadoras de las ferias artesanales están también en situación de extrema vulnerabilidad. En la Feria Artesanal de Vuelta de Rocha, cuyo principal sustento es el turismo, decidieron solicitar al Gobierno de la Ciudad un subsidio urgente para poder atravesar la crisis. Aún no obtuvieron respuesta. Ante esta situación, un grupo de ellos abrieron una página en Facebook para vender sus productos online.

    

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