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viernes 14, julio de 2017

Paredes que resisten: Mercado vs identidad

Los murales de La Boca reflejan la disputa del espacio público en torno a intereses contrapuestos. Desde el Gobierno porteño, impulsan programas para “embellecer” el barrio, con imágenes que poco tienen que ver con la realidad de sus habitantes o con “brigadas” que blanqueen los frentes “vandalizados”. Mientras las organizaciones sociales y los vecinos utilizan el arte como herramienta para hacer visible sus problemáticas. Por Antonella Riso 

Paredes que resisten: Mercado vs identidad

Desde principios del siglo XX, el arte mural se tomó como herramienta para hacer visible las problemáticas del pueblo. En este sentido, La Boca es un ejemplo de cómo alrededor del uso de las paredes, los vecinos se agrupan y organizan para defender los derechos vulnerados de muchas familias, quienes viven cotidianamente la falta de respuesta del Estado.

 
Pero no son los únicos que encontraron en las paredes una herramienta: En los últimos meses, desde el Gobierno porteño se impulsaron una serie de transformaciones en La Boca, en torno a “mejorar su imagen” y modernizar el espacio público, realizando inversiones en infraestructura orientadas a promocionar el barrio hacia dentro de la Ciudad y, al mismo tiempo, profundizar la industria del turismo.
 
Color BA es un ejemplo de ello: “Se trata del encuentro de grafiteros más importante y con mayor convocatoria organizado en la Capital, con el objetivo de apuntalar y modernizar los cimientos artísticos del barrio”, describió el diario La Nación en su lanzamiento, el año pasado. Si bien son destacables las técnicas utilizadas por los artistas, sus imágenes poco tienen que ver con la realidad boquense, como los osos polares o los cowboys del lejano oeste pintados en dos paredes cercanas a la Usina de las Artes. Además de la ausencia de participación de los vecinos en la elección de las temáticas de los murales, en su producción fueron relegados los artistas del barrio. Quienes participaron, por presión de algunos vecinos, lo hicieron (gratuitamente) como ayudantes de los muralistas internacionales, contratados por el Gobierno de la Ciudad.
 
En paralelo, y a partir de las políticas que repercutieron en el barrio desde la asunción del macrismo en el Gobierno de la Ciudad, las principales problemáticas que sufre La Boca han sido los ejes que crecieron como estandartes de lucha colectiva, en la calle y también en las paredes: desde el deterioro y la desinversión de los sectores de la salud y la educación, hasta la crisis de vivienda y la violencia institucional ejercida hacia los jóvenes.
 
Los murales de Nehuén están hechos como un grito en su barrio, donde nació y creció, denunciando la violencia institucional que ejercen las distintas instituciones, sobre todo la policía, al no respetar nuestros derechos, pisoteando a los pibes con sus abusos e impunidad total. Hubo varios muertos por gatillo fácil. También los muertos por incendios de conventillos, o Gonzalo Reynoso, que fue apuñalado en la esquina de un parador dependiente del Gobierno de la Ciudad. En todos los casos, el Estado ausente”, expresa Roxana, madre de Nehuén Rodríguez, embestido por un patrullero de la Policía Metropolitana en diciembre de 2014.
 
Pero, este mismo Estado se hace presente cuando se trata de “limpiar la imagen” del barrio: El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, lanzó meses atrás la “brigada anti vandálica”, una propuesta destinada a los empleados de las subsecretarías de la Ciudad de Buenos Aires, que consistió en una competencia para salir a tapar grafitis. El grupo que blanqueaba la mayor cantidad de “frentes vandalizados” lograba como recompensa vouchers de consumiciones de cerveza.
 
Tras el paso de las brigadas, aparecieron tapados por completo murales dedicados a Nehuén, uno ubicado en La Boca, en Irala y Aristóbulo del Valle; y el otro en el barrio de San Telmo, en Bolívar y Cochabamba.
 
Pero a pesar de la intensión oficial, la imagen de Nehuén se multiplica en La Boca. Sólo, o junto a los rostros de otros pibes muertos, sus murales cristalizan esa disputa por la memoria y la identidad barrial. Y en contraposición, la estigmatización de esos mismos jóvenes pobres queda estampada en las paredes del barrio: como el mural de Ministro Brin al 800, realizado en el marco de Color BA, donde el autor eligió pintar pibes -usando gorra, claro-, fumando y tomando alcohol.   
 
Mientras tanto, el barrio resiste tanto el avance sobre sus derechos más elementales como la imposición sobre sus paredes. Por eso, entre el 12 y el 15 de julio, será escenario del 3er Encuentro de Muraleros “Freddy Filete”, donde convocados por la multisectorial La Boca Resiste y Propone, decenas de artistas pintarán 32 frentes con diferentes temáticas como la emergencia habitacional, los derechos de los niños y niñas, la criminalización de la protesta social, la historia de la lucha obrera, los desaparecidos del barrio, la violencia institucional, el derecho a la educación y a la salud. 
 
El muro es un territorio expandido de lo público, donde se materializan luchas alrededor de lo simbólico. En la mayoría de los casos se ven los rostros de los pibes, como dispositivo de memoria visual. Hechos con diferentes técnicas, son realistas, no por querer asemejarse a quienes representan sino porque reflejan la realidad. Más allá de la intencionalidad estética, lo que prevalece es la participación, el fortalecimiento de lazos y vínculos entre la comunidad, así como también una especie de conciencia para que no vuelva a ocurrir o se haga justicia.
 
(*) Nota basada en una investigación realizada junto a la artista y docente Natalia Eichhorn.