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miércoles 21, febrero de 2018

El secreto mejor guardado

De las tres sederías más famosas en el mundo, José es una de ellas. Ubicada en el corazón de Barracas, pegada a la pizzería Los Campeones, compite con sus pares de Italia y Tel Aviv. Susana Giménez, Natalia Oreiro son algunas de las estrellas que compraron telas allí. Alberto Mosquera es el artista que todas las semanas viste de fiesta a los maniquíes de la vidriera sin dar una sola puntada. Por Leandro Vesco 

El secreto mejor guardado

Antonio Mosquera es único. Nadie en la ciudad de Bueno Aires, y acaso en el país, ejerce su arte: hacer vestidos usando sólo tela y alfileres, sin costura. Sus creaciones, irrepetibles, se pueden ver todos los días en la vidriera de la Sedería “José”, en el corazón de Barracas. Al negocio llegan desde todo Buenos Aires. Su fama excede por demás la comuna. Y son muchas mujeres que entran al comercio buscando “ese” vestido pero una vez allí se dan cuenta que sólo venden géneros. Inclasificable y genial, Antonio aproxima una auto definición: “Soy un artesano de la tela, un creador”.

 
La Sedería “José” es también única en su rubro. Son muy pocos los comercios que tienen tanta variedad en telas importadas y seda natural.
 
-Abrimos en 1945. Mi tío José vino de Siria y, como tantos otros que llegaron a la Argentina, hizo lo mismo que sabía hacer en su pueblo de origen: en nuestro caso, el comercio de telas. Luego quedó a cargo mi padre y desde hace seis meses estamos nosotros intentando llevar adelante el proyecto que encaminó él, cuenta el propietario del negocio.
 
Sobre la Avenida Montes de Oca, el amplio salón de ventas, pulcro y muy cómodo, sorprende por los cientos de rollos con telas, muchas de ellas  importadas de Francia y de los Estados Unidos. El escenario semeja un zoco o una feria de Oriente, un espíritu de las Mil y Una Noches sostiene el aire que huele a géneros nobles, a ilusión y a cierto litúrgico misterio.
 
La estrella de la Sedería es Antonio. Nadie que haya pasado por la vidriera del local –pegado a la pizzería “Los Campeones”- no ha sido atrapado por el hechizo de las creaciones de este mago de los alfileres, ilusionista de la tela. Los maniquíes muestran vestidos hechos para noches inolvidables, cumpleaños de 15, madrinazgos, aniversarios y casamientos. Todos están hechos sin que exista una sola puntada.
 
-Me sale de manera natural, No tengo estudios de modisto ni de diseñador. Hace 50 años que hago esto. Comencé siendo cadete en un comercio en Lomas de Zamora y al salir pasaba por un negocio donde había un vidrierista que hacía cosas maravillosas con la tela, recuerda Antonio.
 
La emoción lo domina, la remembranza es un golpe directo al corazón. “Ruben Mauas, él fue mi maestro. Sin enseñarme, me enseñó todo. Lo miraba con mucha atención”. La base del espíritu autodidacta se resume en la capacidad para aprehender hasta donde la viste llegue. Un día Rubén no pudo ir, y los dueños de aquel negocio le dijeron a Antonio si se animaba a “tirar algunas telas” Fue su oportunidad, ese mediodía le cambió la vida para siempre. “Quedaron fascinados, no podían creer lo que había hecho con los maniquíes” Desde ese día se transformó en un diseñador que crea vestidos sin coserlos. El alumno había superado a su maestro.
 
El método que sigue Antonio es simple y según él, con sólo un secreto que jamás dirá. En la sedería lo esperan los géneros que se quieren mostrar y los maniquíes desnudos.
 
-Yo tengo una foto en mi cabeza, pero nunca sé bien lo que voy a hacer, improviso delante del maniquí, el trabajo final debe parecerse a esa foto inicial.
 
En la frase se resume el arte de un creador único. Sus trabajos lucirán toda la semana en la vidriera, y serán un imán para aquellas mujeres que sueñen con un atuendo que recordarán para siempre. “Muchas veces entran y quieren comprar el vestido”, repite lo que ha dicho mil veces y la principal consecuencia de su arte: la ilusión es tan creíble que parece real. “Manejo mis tiempos. Me gusta trabajar con todas las telas, pero la seda natural es mi preferida, es la más noble de las telas. Sólo uso tela y alfileres, si lo que busco en el maniquí no me sale me quedo a vivir en la vidriera”, dice.
 
Con 75 años, las costumbres han cambiado. “La gente compraba mucha más telas, antes se vendían géneros para sábanas, guardapolvos, para hacer colchones. Hubo comerciantes que tuvieron la visión, como la Sedería José, que se fueron enfocando en las fiestas”, explica Antonio. En todo este tiempo, trabajó en incontables negocios, que ya no recuerda. “Vestí modelos, en el programa de Lucho Aviles y en Pachá”, aunque su mundo ideal está en este espacio reducido de la vidriera donde la magia y la ilusión van de la mano.
 
-Nunca repetí un solo modelo, tengo mi estilo, pero jamás hice dos trabajos iguales. Me gustaría saber cuántos maniquíes he vestido, dice y su mirada se pierde en un rollo de seda que lo espera en el mostrador. Hablará con nosotros, pero sabemos que su cabeza está en otro lado.
 
“No hay nadie que siga con mi tradición, la única que puede continuar con esto es mi hija, pero aún no la puedo convencer”, reconoce Antonio. En un mundo donde el trabajo creativo y manual se está convirtiendo en una rareza, para este artesano de la tela, los días de su arte están contados, para su visión, desaparecerán los maniquíes para darle paso a diseños impresos en banners. “Estuve en Europa y me decepcioné con las vidrieras, no se han avivado”, critica con el fundamento quien hizo de su oficio, un arte. -Hay tres sederías importantes en el mundo, una en Tel Aviv, otra en Italia, y José”, remarca Antonio.
 
La Sedería es un templo dedicado a los más diversos géneros. Los empleados, todos con muchos años detrás del mostrador, parecen académicos. “La gente que trabaja acá conoce mucho el rubro y saben aconsejar a los clientes”, aclara el dueño del local. Los diseñadores más importantes del mundo de la moda, se acercan a Barracas para buscar telas. Susana Giménez, Natalia Oreiro, son algunas de las estrellas que saben que en la “Sedería José” hallaran el género que están soñando.
Los vecinos pasan por Montes de Oca, hoy ajetreada y bulliciosa, Antonio Mosquera se permite vivir en su mundo, el silencio de los maniquíes es un aliado. “El día que haga el vestido perfecto, abandono, aunque siempre lo estoy buscando, si me das a elegir, prefiero morir trabajando en la vidriera”. El instante de la creación, es siempre un asunto solitario.