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martes 30, abril de 2019

Tras cartón, organización

En medio de la profundización de la crisis económica, un grupo de cartoneros y cartoneras de La Boca se unieron en cooperativa. Primero fue la urgencia del hambre, pero pronto descubrieron que la pelea por trabajo es más fácil cuando es colectiva. Por Lucrecia Raimondi

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A los 18 años llegó a La Boca desde Concordia, Entre Ríos, para que lo operaran de un ojo. Cuando se recuperó, Brian empezó a cartonear con sus tíos. Salió por interés propio, individual, quería sus mangos. No pensaba en los otros vecinos que hacían lo mismo: recolectar residuos reciclables, acopiar, venderlos y generar algo de plata. Su vida giró 360º el día que a pesar de tener techo y contención familiar necesitó comer de la basura. Entonces decidió meterse de lleno en el cartoneo organizado. Poco antes, lo había marcado un trabajo donde vio cómo el patrón maltrataba a sus compañeros. Le parecía tan injusto que se peleaba constantemente; hasta que dijo “esto no es para mí” y renunció. Después de ese día nunca más trabajó para otro que se aproveche de su esfuerzo. En el barrio conoció el trabajo colectivo de la cooperativa de Cartoneros y Recicladores de La Boca y a la organización Los Pibes. “Encontré mi lugar en el mundo”, siente Brian, ahora con 23 años, comprometido con sus compañeros para sacar adelante el local que consiguieron en Suárez 241 y que inauguraron con una olla popular el viernes 22 de marzo en homenaje al cumpleaños de Martín “Oso” Cisneros.

 
En la olla comieron más de 200 personas, compartieron música y palabras de aliento. Sergio, El Colo, Natalia, Sussy, Ariel y José Luis también despidieron con un minuto de silencio a su querida compañera cartonera Carla Flores Lino, de 20 años, que murió de cáncer el miércoles de esa misma semana. “Hacemos la inauguración con la solidaridad que tenían los que ya no están. Perdimos dos compañeros en tres años. Por ellos redoblamos la apuesta de lucha, compromiso y organización”, sostiene Brian. Se lo escucha, permanentemente, decir afectuoso “compañero, compañera”. Sube y baja la escalera del altillo donde hacen las asambleas. En una de las paredes escribieron en mayúscula con aerosol “ACÁ NO SE RINDE NADIE”, abajo la celeste y blanca de Argentina. Enrollados prolijamente se ven los banderines y la bandera azul y amarillo de los Recicladores de La Boca. No hay ventilación y todas las cosas - mesas, bancos, sillas, repisas, televisor, anafe, heladera, freezer, etc.- fueron recogidas de la calle o regaladas.
 
Lo urgente, dicen, era atacar el hambre de los compañeros para organizar la cooperativa que ahora reúne a 26 activos recicladores y cartoneros; también vecinos y vecinas desocupados. “El hambre te desespera. Si no tenés para salir a robar, empezás a drogarte o tomar -explica Brian. Y Sergio, su tío, continúa- Venían a buscar ayuda, encontrar una solución para salir de la calle. Entonces nos subimos a este bote juntando maderas y navegamos armándolo”. Cocinan panes, bizcochuelos y pizzas. Se juntan cuatro trabajadores para comprar la mercadería, amasar, vender y limpiar. Cada cual tiene comprometido un día de la semana para sostener el local y la tarea colectiva de traspasar el conocimiento. La panificadora está siempre llena, van igual si no les toca trabajar; el local es su segunda -o la única- casa. Lo que se gana se reparte entre quienes estaban comprometidos ese día.
 
Un electricista, una enfermera, un decorador de eventos, un chef: profesionales excluidos que tenían sus trabajos estables y de oficio, familias, vidas a las que “el sistema les pegó un chumbazo, muchos cayeron en el alcohol, el carrito y la nada. Acá hay una mano para prestar una ducha al que quedó destruido fuera de su hogar. Que le toquen el hombro, le presten atención, pregunten qué le pasó y escuchen cómo se siente”. Recuerdan que al principio se juntaban y varios iban a las asambleas con un Fernandito. Les costaba mucho debatir política, organizarse. Poco a poco se acompañaron para dejar los vicios, salir de la calle y sostener un emprendimiento colectivo.
 
Natalia y sus tres hijos sobrevivieron al incendio del edificio de la ex Zanchetti, en Pedro de Mendoza y Necochea, donde murieron cuatro personas en 2017. Es madre sola y estuvieron once meses en situación de calle. Sufrieron frío, tormentas y desprecio: nunca pensó que le podía pasar algo así. Conoció la cooperativa por una amiga y se siente contenta de participar. Ella expresa que no piensan todos igual, que hay diferencias políticas, pero que se respetan porque construyen juntos un mismo proyecto. “La vida me dio malo pero también me dio buenos compañeros. Acá somos todos gente sufrida y con mucho compañerismo. A nadie le falta esa cualidad y es de corazón, no obligado. Te dan fuerza para seguir, es contagiosa las ganas que tienen de salir adelante”.
 
Ariel era el cocinero de un comedor del barrio. Cobraba con mercadería para darle de comer a sus cinco hijos. Subieron los precios, cada vez empezó a llegar menos comida y se quedó sin trabajo. Por Sergio se involucró con los cartoneros de La Boca y asegura que le cambió la vida. “Aprendí lo que es tener un compañero que te hace sentir que sos alguien y útil. Hay tanta gente que sabe muchas cosas pero no puede ejercer, cae en el alcohol y queda excluida. Cada uno de nosotros está con sus problemas, pero entramos acá y nos olvidamos un rato, nos ayudamos. Encontramos el apoyo que a veces ni nuestras familias nos dan”. Por conocidos de la cuadra, Ariel consiguió el alquiler del local para la cooperativa. También le enseñó a sus compañeros cómo preparar las distintas masas.

Inician el proyecto de la panificadora como un piso de contención y organización. En un futuro próximo, los cartoneros piensan levantar en La Boca su propia planta de reciclado. Sin intermediarios ni patrón. Están convencidos de que la dignidad la da el trabajo, que organizados pelean por un país y por un futuro. “Es un salto muy grande el de entender que la política está todo el tiempo en nuestras casas. Queremos un cambio social en La Boca que sea ejemplo en la Ciudad para vivir mejor, con soberanía alimentaria y la autonomía del que labura”, define Sergio acerca de lo que los Recicladores y Cartoneros esperan lograr.