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miércoles 2, octubre de 2019

A un año del asesinato del Bocha

El 12 de agosto de 2018 oficiales de Prefectura mataron en Parque Patricios a Cristopher Rego. Le tiraron por la espalda, lo dejaron morir y encubrieron el crimen. Todo por evadir un control de tránsito. Su papá Jorge lucha por justicia, para que ningún pibe más muera por el gatillo fácil de las fuerzas de seguridad. Por Lucrecia Raimondi

A un ao del asesinato del Bocha

Bastian Rego cumplió un año en junio. Le ponen música y baila, aplaude con las manitos. Su abuelo dice que es muy simpático y charlatán, que tiene el pelo igual a Bocha: rubio, con entradas y un mechón que termina en punta sobre la frente. El domingo 1º de septiembre el pequeño Bastian visitó a Jorge Rego, el padre de Bocha Rego, su papá. La emoción de Jorge ese día, y la de toda la familia, fue que Bastian lo vio bajar por la escalera, lo señaló y dijo “abelo”. Cuando habla de su nieto, al abuelo Jorge se le ilumina la cara, los ojos le brillan. Cuando habla de Bocha, no puede evitar llorar y que se le quiebre la voz. Al menor de sus cuatro hijos lo mató la Prefectura la madrugada del domingo 12 de agosto de 2018 cuando evitó un control de tránsito en Amancio Alcorta y Zavaleta, en Parque Patricios. Tres prefectos pararon un Uber y lo persiguieron. Uno de ellos, Pablo Brítez, lo fusiló por la espalda con un tiro certero. Bocha manejó herido su camioneta tres cuadras y chocó a dos de su casa, a cinco del Hospital Penna. Los prefectos lo alcanzaron y otros cinco se acercaron. Bocha estaba vivo, agonizaba. No llamaron a la ambulancia ni a sus superiores, como indica el protocolo, sino que limpiaron la escena. Encubrieron el crimen y lo dejaron morir. Bocha podría haber sobrevivido.  

 
Recién se había comprado la camioneta Partner, le faltaba la transferencia. No frenó por miedo a que le retengan el vehículo. Si se lo secuestraban no tenía plata para sacarlo y lo necesitaba para trabajar. Estaba yendo a buscar a su pareja y a su hijo de 41 días. Cristopher “el Bocha” Rego había cumplido 26 años el 9 de agosto. Quedaron pendientes festejos, abrazos y el amor para su hijo. Una de las últimas cosas que puso en Facebook, fue que para sentirse completo quería ser papá y que lo estuvo buscando durante un año. Bocha era feliz.      
 
Jorge se acuerda del día que su hijo le anunció por teléfono la llegada de Bastian. “¿Todo bien? Voy a ser papá”, le dijo sin vueltas. “Me llamó re contento mal. Yo tengo artrosis, diabetes, presión alta, tuve un infarto, los riñones mal, estoy sordo, hecho mierda. A él le dije ´Bochi prepárate, mirá que papá está muy mal, ya está grande, tengo muchas enfermedades’. Y me contestó: ´no conocés a mi hijo, haceme el favor, cuídate pa´. Y me lo terminan matando. A partir de ese día, mis días son una tortura”, relata Jorge. Su día a día es muy doloroso pero, asegura, que le da fuerzas la lucha junto a las madres que perdieron a sus hijos por la violencia institucional.
 
“Juro que te voy a vengar Bocha”, le dijo a su hijo cuando reconoció el cuerpo en el Hospital Penna. Y la forma que eligió Jorge para que el asesinato no quede impune, es luchar para que no mueran mas pibes. “Por más lisiado que esté, no me puedo quedar acá sentado mientras estén matando a nuestros hijos. Porque yo la vida al Bocha no se la puedo dar, entonces tengo que salir a luchar, para que esté presente. Y también por los 7 mil casos de gatillo fácil, como dije ese día en la marcha, y que espero que las fuerzas de seguridad en todo el país dejen de matar pibes cada 41 hs”, dice y apunta a Patricia Bullrich como la principal responsable política. 
 
La última vez que lo vio a Bocha fue el viernes 10 de agosto en un reparto de carne trozada para restaurantes o lugares de comida, que es a lo que Jorge se dedica hace 20 años. El Bocha se había sumado a trabajar con él y su padre lo llamó ese día porque le había conseguido un encargo para que tenga clientes por su cuenta.
 
“Era un corazón de oro, pero calentón y lo cargábamos porque sabíamos que se enojaba. Nos quedamos 10 minutos, nos reímos un rato, y cuando se fue, estaba subiendo a la camioneta, lo jodí con alguna cosa, se dio vuelta, se río. Después lo vi muerto. Y no puedo creer que él esté muerto, no puedo creer la manera en que lo mataron”.
 
Pasión
Jorge tiene 71 años. Iba a la cancha desde los 15 y llevaba a Bocha desde los tres. Huracán era la pasión que compartían juntos como padre/hijo. Después de que mataron a Bocha, Jorge solo pudo ir tres veces: una vez engrupido por un amigo, otra para un clásico con San Lorenzo y la tercera, por una bandera que los amigos quemeros hicieron en homenaje a Bocha. “Yo era fanático de Huracán enfermo, y soy de Huracán, pero ya perdí el fanatismo y no voy a la cancha porque me cambió todo, no está el Bocha. Ya no es lo mismo”.      
 
El Bocha era muy conocido en el barrio, por hincha del Globo y por ser afectuoso. Vivió con sus padres y hermanos en Los Patos al 2900 desde los seis meses hasta que se mudó con su familia a la calle Pepirí. Al velorio, Jorge fueron como 500 personas. “Lo quería todo el mundo. Bocha era buen tío, buen amigo, buen hijo, buen hermano… se acercaba, te abrazaba, te ponía la manito arriba como todo el mundo, abajo te apretaba el puño, y al oído me decía ´Te amo pa´ despacito y me besaba. Así con todos”. El Bocha era sensible, querible.
 
Jorge asegura que hasta el último día de su vida hablará de Bocha para que no se olviden de él. Bastian todavía no tiene idea de lo que le pasó a su papá. Cuando tenga la edad de entender, a Jorge le encantaría ser el primero en contarle y explicarle cómo lo mataron a Bocha, quién es el responsable. Pero sobre todo contarle el corazón enorme que tenía y lo mucho que deseaba ser su papá.   
 
A la espera de justicia
La familia Rego espera el juicio oral y público contra siete de los ocho prefectos. Cinco están con prisión preventiva en el penal de Marcos Paz. Pablo Brítez (27) está acusado de “homicidio doblemente agravado por uso de arma de fuego y por haber sido cometido por un integrante de las fuerzas de seguridad en funciones”. Axel Díaz Guevara y Roberto Paredes, que llegaron en la camioneta de Prefectura junto a Jaqueline Acosta (que fue exonerada por falta de mérito), están libres pero procesados por el delito de “coautores de encubrimiento doblemente agravado”. Cristian López y Luciana Carrizo, que persiguieron a Bocha y estaban con Brítez, se encuentran procesados por “abandono de persona seguido de muerte y encubrimiento”. Javier Eduardo Fernández y Rubén Viana están acusados de encubrimiento.