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lunes 29, marzo de 2004

Carta a los vecinos

Con motivo de un nuevo aniversario del golpe de 1976, los integrantes del Centro Social y Cultural Flores Sur escribieron este texto para compartir con otros vecinos.

Estimado/a vecino/a:

El motivo de este escrito es compartir con usted algunas reflexiones que hemos elaborado acerca del significado que tiene, en la actualidad, el cumplimiento de un nuevo aniversario del golpe de estado genocida iniciado el 24 de marzo de 1976. Opiniones que, enriquecidas por la multiplicidad de voces, fueron impulsadas desde el espacio del Centro Social y Cultural Flores Sur situado en San Pedrito 902 al cual lo invitamos a participar los jueves a las 20.30.

Si bien ya pasaron veintiocho años desde aquel día en que se inició en nuestro país el régimen militar responsable, entre otras cosas, de 30.000 desaparecidos, creemos que muchas de sus consecuencias se mantienen vigentes. Fue aquella dictadura la que, al extender un manto de sangre sobre un pueblo aterrorizado, sentó las bases para la aplicación de un modelo económico -no menos asesino- con el que aún hoy convivimos. Concentración económica, desindustrialización, precarización del mercado de trabajo; características de un país con una estructura distributiva profundamente desigual que en el plano social derrama crudamente sus efectos: exclusión, pobreza, marginalidad y hambre.

Podemos reconocer a los desaparecidos de ayer en la mirada triste de los millones de niños que hoy se despiertan adormecidos por el hambre, en las manos vacías de cada desocupado que no se resigna a morir, en los cuerpos enfermos que perdieron el derecho a ser cuidados en un país donde la salud es un privilegio de unos pocos, en los miles de corazones que dejaron de soñar a causa del gatillo fácil y la represión policial.

¿Cuál es la diferencia entre aquellos que ayer cerraban las persianas mientras se llevaban a su vecino, con los que hoy, enjaulados en su casa, confunden la realidad con una pantalla y piden a gritos mano dura? Sí, es verdad, los escenarios son diferentes. En el pasado convivíamos con una dictadura política; hoy lo hacemos con una dictadura económica disfrazada de democracia.

Sin embargo, surgen de nuestra propia historia voces que no se resignaron a morir silenciadas. El 19 y 20 de diciembre de 2001 el pueblo argentino comenzó a intervenir en la realidad en que está sumergido, fomentando las redes solidarias y la participación colectiva. Y nuestro barrio no se mantuvo ajeno a este despertar. Así, el pasado 27 de diciembre -en una inolvidable jornada en la que participaron más de dos mil personas-
vecinos y vecinas interrumpimos la tranquilidad descarada de Jorge Héctor Vidal (médico forense de la policía bonaerense implicado en la apropiación de menores durante la dictadura) a través del Escrache Popular mediante el cual le gritamos ¡Basta! a la impunidad que él representa, desde su refugio situado en Robertson 1071, al igual que tantos otros represores que pasean por nuestras calles.

Porque no nos vamos a rendir con la apertura de la ESMA, ni con los museos del horror, mientras nuestros verdugos de ayer no tengan juicio y castigo, mientras nuestros gobernantes de hoy nos impidan reconocer nuestro pasado ocultando los archivos que registran el calvario y el destino de tantos soñadores de un mundo más justo. Luchadores de carne y hueso que apostaron por una vida más digna. Vecinos como Mónica María Candelaria Mignone, psicopedagoga concurrente del Hospital Piñero, quien por cumplir funciones de promoción humana en los sectores más marginados del Bajo Flores fue detenida y desaparecida el 14 de mayo de 1976, a sus 24 años de vida. Asesinada por cumplir tareas que el sistema no nos brinda, perpetuando así la mentada desnutrición intelectual que nos oprime y esclaviza.

Recuperemos nuestra memoria. Nuestros valores, nuestra alegría. No permitamos que señores como Vidal saquen a pasear las cadenas de nuestro futuro y junto a Mónica y a todos los luchadores que nos enseñaron a resistir, propongámonos avanzar en la hermosa utopía de construir nuestro mañana. Entre todos.