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martes 10, diciembre de 2019

Volver al barrio

Después de 24 años de hegemonía, el macrismo ya no conducirá Boca Jrs. El frente ganador, con Jorge Ameal, Mario Pergolini y Juan Román Riquelme a la cabeza, promete devolverle al club su identidad perdida. El tiempo dirá si la nueva gestión logrará revertir el proceso de elitización y de espaldas al barrio que sufrió la entidad de la ribera. Por Roberto Parrottino

Volver al barrio

“Cuando llegué a la presidencia de Boca tuve que cambiar la imagen del club, que se relacionaba con lo sucio y lo oloroso del barrio. Ahora, Boca es un club fashion”. Mauricio Macri está en campaña para las elecciones legislativas de 2005 y recurre a Boca como anzuelo en una reunión con economistas. Es el primer salto del fútbol a la política: será electo diputado nacional por el PRO. Al fútbol -a la presidencia de Boca- había llegado en 1995. Boca, como bastión fundacional y trampolín. Simbólicamente, y después de perder la reelección como presidente de la Nación, el macrismo también terminó en Boca, aunque 24 años después. Dejó la primacía de un proceso de elitización y puertas cerradas hacia el barrio antes “oloroso” y “sucio”. Con 38.363 electores, participación histórica en un club de Argentina, y con la estrella del ídolo Juan Román Riquelme inclinando aún más la balanza, Jorge Amor Ameal fue elegido presidente de Boca con el 52,83% de los votos por el periodo 2019-2023.

“El vínculo entre Boca y el barrio durante la presidencia de Angelici nunca existió. Y para nosotros es fundamental”, dice Amor Ameal a Sur Capitalino, y agrega: “La Boca es un barrio vulnerable. Hay que abrirle las puertas al barrio. No se puede decir: 'La juventud esto, la juventud aquello'. Nada. Y que la gente pueda entrar al club. Hoy Boca no tiene nada que ver con lo que es un club. Permanentemente se cerraron disciplinas. Nosotros queremos aumentar la cantidad de disciplinas. El club debe ser utilizado como polo de desarrollo del barrio, generando actividades sociales y culturales para los vecinos”. Daniel Angelici, el presidente que gobernó Boca durante los últimos ochos años, amigo fiel de Macri, no abrió disciplinas federadas ni recreativas y decantó otra parte del vínculo con el barrio en la Fundación Boca Social, instaurada como tal en 2015, a donde llegó a trabajar la saliente gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. Según el último balance, Boca destinó apenas el 3,6% del total de los egresos a todos los deportes que no son el fútbol y a actividades sociales y culturales. Y, mientras tanto, no se cansó de esgrimir como logro de gestión un supuesto superávit de 1.336 millones de pesos.

 

Boca tiene como deportes federados el fútbol masculino y femenino; el básquet masculino (eliminado de un reciente torneo por no tener un reloj reglamentario); el vóley femenino; y el futsal masculino. En los últimos años, cerró el futsal femenino y al vóley masculino lo sacó de la Liga. Un contraste: River cuenta con 20 actividades federadas y otras 20 recreativas, y cerca de 7000 de sus 70.000 socios son deportistas federados y otros 4000 hacen iniciación deportiva. A los deportes federados, Boca le agrega pesas, lucha y bochas. En ese sentido, los vecinos de Núñez tienen un estrecho lazo con el club. Hay más propuestas. Y decisiones políticas tendientes a lo social. En la noche más fría de 2019, vale como ejemplo, River abrió su estadio para las personas en situación de calle por una iniciativa de Red Solidaria. Se sumaron otros de Capital Federal, como Huracán, Vélez, San Lorenzo y Ferro. Boca, no. “Decidí negarme”, dice Hernán Morelli, coordinador de Boca Social, y explica el porqué: “Estamos enclavados en un lugar geográfico que tiene una complejidad en cuanto a gente en situación de calle. Si caminás 20 cuadras, tenés Constitución. Íbamos a tener un quilombo que no podíamos bancar. Si venían los chicos de Constitución, Barracas, Zavaleta. Son pibes que capaz situaciones de adicción los llevaron a estar en la calle. No eran familias”.

 

Morelli precisa que pasaron de trabajar con 40 familias de La Boca en la Fundación a más de 700 chicos. Que la relación entre el barrio y el club, cuando llegó a Boca en 2015, era “muy baja”: “La Fundación tiene un objetivo propio, independiente del club: trabajar fuertemente en el barrio de La Boca. Ayudamos en la inscripción de vacantes, buscamos internaciones en hospitales, tratamos adicciones, además de actividades culturales y deportivas”. Otro punto: la mayoría de los vecinos que entran al club lo hacen mediante un sistema de becas, porque no pueden pagar la cuota social de 800 pesos. Matías Daglio, vocal suplente por Boca es Pueblo, agrupación que apoyó en la elección a Ameal, marca en paralelo que Boca y Gimnasia La Plata tienen las colonias de vacaciones más caras entre los clubes del fútbol argentino. “La idea, ahora, es cambiarle la cara a todo, desde la entrada del club, que está llena de seguridad y molinetes. También es importante la ampliación de La Bombonera, hay que terminar de definir los proyectos a seguir de acuerdo con los pasos. Lo mismo con la reforma del estatuto para que Boca sea un club más participativo e inclusivo, abriendo las puertas al barrio lo antes posible”, dice Daglio.

 

Claudio Giardino, vecino de La Boca y cabeza de la agrupación Boca es Nuestro, que también acompañó a Ameal, apunta que River, en términos de actividad social, “le gana por goleada” a Boca: “No hay una actividad deportiva, ni federada ni amateur, como para decir me voy un rato al club a jugar al tenis, a nadar. Esa es la gran asignatura pendiente que tiene Boca. En River hay socios 'de deportes', que ni siquiera van a los partidos de fútbol. En Boca, al revés: la mayoría son socios de cancha porque no tienen nada que hacer en la semana en el club”. El “Frente para recuperar la identidad xeneize” que transformó a Ameal en el presidente más votado de la historia tiene otros objetivos en el barrio: abrir escuelas y sedes para promover actividades sociales y culturales. “Entre los puntos fundacionales del Frente también está el tema de incorporar disciplinas y restablecer las que se cerraron. La idea es llegar a tener 47 disciplinas, pero no sólo abrirlas a nivel federativo, si no a los socios en general. Serán en parte en los terrenos de Casa Amarilla, sacándose para siempre la idea del estadio shopping. Y si se muda el fútbol profesional a Ezeiza, queda libre el predio Pedro Pompilio, y ahí también se podrían abrir otras disciplinas para socios, como hockey. Trataremos de ponerlo en práctica lo más rápido posible. El club y el barrio lo necesitan desesperadamente”.

 

En las últimas semanas antes de las elecciones, el oficialismo apuró la inauguración de obras en los terrenos de Casa Amarilla que el club adquirió en una licitación hecha a medida por el gobierno de la Ciudad y sin la aprobación de la Legislatura, como paso clave en la gentrificación de La Boca. En ese sentido, Ameal, como opositor, votó a favor de la compra de las 3,2 hectáreas, un espacio que había sido destinado en su origen a viviendas sociales para paliar la emergencia habitacional. Dice Ameal.

 

-Ellos tenían una propuesta, y nosotros la revisaremos. Lo que está bien, sigue. Lo que está mal, vamos por otro lado. Nosotros votamos dos cosas a favor de ellos. Una fue la compra de los terrenos de Casa Amarilla. Dijimos “sí”, pero no para el nuevo estadio, que es lo que decían ellos. Lo segundo que votamos fue la profesionalización del fútbol femenino.

 

Los tres candidatos a presidente de Boca dejaron atrás la idea de construir un nuevo estadio en Casa Amarilla, una batalla ganada por la militancia de los hinchas bajo el lema “De La Bombonera no nos vamos”.

 

El 12 de diciembre de 2018, en el marco del Día del Hincha, la policía reprimió a los hinchas en los alrededores de La Bombonera, impedidos de ingresar a la cancha por la dirigencia de Angelici, temerosa de que fuera insultada por la derrota de tres días antes ante River por la final de la Copa Libertadores. Pasó un año. Y parecen querer empezar a quedar otras “derrotas”, como la transformación de los hinchas en clientes (solo pueden ser socios si tienen una tarjeta de crédito), la exclusión de los vecinos, la apropiación de calles del barrio con la promesa de brindar actividades sociales, la mano de obra barra brava y los dólares de los turistas. En concreto, un modelo de club como unidad de negocios, iniciado con la eliminación de sectores populares de la cancha para construir 32 palcos VIP en 1996. “Desde Boca -avisa Ameal- podés transformar, y mucho: el barrio, crear escuelas deportivas, sacar a los chicos de la calle, tener actividades sociales y culturales. El escudo de Boca es convocante…”.